La joven y única república budista en el corazón de Rusia


República de Kalmukia La joven y única república budista en el corazón de Rusia

Por Narciso Binayán Carmona

De ascendente mongol, su pueblo busca afianzar su religión

Con ironía el historiador kalmuko Batamayov definió burlonamente hace pocos meses por qué se ha conservado en una plaza central de Elista, capital de su país, una enorme estatua de bronce de Lenin: «Quedará como recuerdo histórico, como los egipcios conservan las Pirámides». Con esta sátira salvaje pintó la situación del dictador y de su ideología, enviados al desván de la historia.

Kalmukia, ciertamente la más joven y, probablemente, la menos conocida de las naciones de Europa, es, para empezar, la única budista. Tiene un pasado interesantísimo con toques de grandeza y tragedia que incluyen las más complicadas combinaciones. Tiene, también, un presente en el que está comprometida su actitud hacia Rusia, mediante la solidaridad con Chechenia, con la que comparten «una comunidad de destino».

Ello implica un futuro amenazante, puesto que Kalmukia se encuentra justo al lado sur del delta del Volga y limita con Daghestán, región caucásica, que increíblemente, aún no ha sido tocada por las surtidas guerras que se desataron más al sur de la misma región.


Kalmukia

Modesta realidad

Son mongoles, y su viejos khanes se hicieron cristianos hace mil años con el khan Ebedje. Algo más tarde el emperador bizantino Manuel Irecibió una carta del «presbítero Juan, rey de reyes por gracia y poder de Dios y Nuestro Señor Jesucristo». Este remoto rey cristiano de un país que nadie sabía dónde quedaba, excitó en alto grado la imaginación medieval europea viéndolo como eventual aliado contra el Islam. ¡Incluso, por un momento, se pensó que el Gengis Khan podría ser el famoso preste! La realidad es más modesta. El reino existía, era el de los mongoles occidentales y Genghis Khan fue, en sus comienzos, vasallo de su rey.

Es un pueblo raro. No se lo puede ubicar en el cuadro que se escribió en el siglo XVII, según indica su autor (Abulghazi Badayur Khan «Histoire généalique des Tatars», Leyden, 1726). Allí afirma la hermandad de turcos, mongoles y tártaros y demás pueblos primitivos del Asia Central. Kalmukos les dicen los turcos otomanos y de ahí lo tomó Occidente, pero ellos se llaman «oirat» (confederados).

Tuvieron un momento de gloria conEssen-taidji (1439-1455), cuyo inmenso imperio fue de Kazakhstán a la gran muralla. Pudo haber sido otro Genghis Khan, pero la oportunidad pasó y con ella el poderío de su pueblo. Luego vino la conversión al budismo. En 1643 se instalaron en la desembocadura del Volga. El gobierno ruso recibió muy bien a estos budistas y los tomó por aliados contra sus vecinos turcos, ya musulmanes. Pedro el Grande les testimonió su estima y allí, en esa tierra remota, tradujeron varios libros tibetanos, fundaron monasterios y difundieron su cultura.

Combatieron lealmente contra los franceses en 1812 y luego contra los comunistas, pese a lo cual tuvieron su república autónoma. El gobierno soviético impuso su persecución religiosa, que que en pocos años destruyó todos los monasterios y casi todos las estatuas de Buda. No es de extrañar que simpatizaran con los alemanes y que lo pagaran con la pérdida de su república y su destierro al Asia central. Volvieron en 1957, con tremendas pérdidas, pero se les restableció su república (en 1959: eran 106.000 y hablaban su idioma un 91,7%).

Cae el comunismo

En estos años se instalaron en Kalmukia muchos colonos rusos y hoy son casi la mitad de la población. Kalmukia-Chalmg Tangch tiene dos religiones oficiales: el budismo lamaísta (los kalmukos) y la ortodoxia (los rusos). Para ellos, el problema básico tiene dos vertientes: la búsqueda de la identidad nacional y de la religión. El exilio y luego el retorno a un medio ruso deterioró las viejas tradiciones que tratan de recrear.

Económicamente, tienen grandes posibilidades: metales, pieles, pesca, lana y muy posiblemente petróleo en las orillas del Caspio. Se han instalado allí empresas francesas, italianas, y norteamericanas. Aprovechando el retorno del capitalismo.

La política de Boris Yeltsin con Chechenia les trajo aliento nacional contra la Federación Rusa, de la que son miembros forzosos. «Conocemos a los chechenos desde la época del destierro y su lucha es nuestra lucha», dicen, en lo que es un anuncio de nuevos conflictos. Kalmukia acogió miles de refugiados chechenos y la actitud imperialista de Rusia ha sido criticada.

Por su parte el presidente Kirsan Ilisemshinov, de 33 años, considera al religioso como el principal problema de su país. El pueblo kalmuko, aunque sabe ruso, continúa hablando su idioma y la fotografía más vendida es la del Dalai Lama. ¡Qué diría Lenin!

Por Narciso Binayán Carmona, Argentina
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